El Papa León XIV ha conferido el título de Capellán de Su Santidad al sacerdote peruano Edgard Iván Rimaycuna Inga, natural de Chiclayo y actual secretario personal del Pontífice. El anuncio fue comunicado oficialmente por la Diócesis de Chiclayo el viernes 28 de noviembre, generando amplio eco entre fieles, autoridades eclesiásticas y medios de comunicación del país.
La designación incorpora al padre Rimaycuna a la Familia Pontificia, una estructura interna vinculada directamente al servicio del Papa en sus labores cotidianas. De acuerdo con el motu proprio Pontificalis Domus, promulgado en 1968, el título reconoce la cercanía, responsabilidad y misión de quienes asisten al Santo Padre de manera directa.
Trayectoria marcada por la formación y la cercanía pastoral
Edgard Rimaycuna inició su camino vocacional en el Seminario Mayor Santo Toribio de Mogrovejo, donde ingresó en el año 2006. Allí conoció al entonces obispo Robert Francis Prevost —hoy Papa León XIV—, con quien desarrolló una relación espiritual y formativa que se consolidó a lo largo de los años. Tras completar sus estudios en Perú, viajó a Roma en 2017 para especializarse en Sagrada Escritura en el prestigioso Pontificio Instituto Bíblico.
Su preparación académica, sumada a su carácter reservado, su disciplina y su sensibilidad pastoral, lo fueron acercando progresivamente a los espacios de servicio en la Curia Romana. Cuando León XIV fue elegido Pontífice en mayo de 2025, designó a Rimaycuna como su secretario personal, un rol de altísima confianza dentro del funcionamiento diario del Vaticano.
Un nombramiento que resuena en Chiclayo y en todo el Perú
La noticia ha sido recibida con entusiasmo por la Diócesis de Chiclayo, que expresó su “alegría y gratitud” por el reconocimiento otorgado a uno de sus sacerdotes. Parroquias, movimientos y comunidades religiosas compartieron mensajes resaltando la humildad y constancia del padre Rimaycuna, quien en sus años de formación se destacó por su compromiso con la pastoral juvenil, la catequesis bíblica y el servicio a las comunidades rurales.
En un país donde las vocaciones sacerdotales han surgido históricamente de contextos sociales sencillos, el nombramiento reafirma la presencia peruana dentro del corazón de la Iglesia universal. Para muchos fieles, representa un motivo de esperanza y orgullo, un sacerdote que lleva la fe de Chiclayo hasta los espacios más íntimos del pontificado.
La misión de un Capellán de Su Santidad
El título de Capellán de Su Santidad —uno de los reconocimientos honoríficos más relevantes otorgados a sacerdotes— implica formar parte del círculo responsable de acompañar al Papa en ceremonias, audiencias y actividades oficiales. Si bien no supone un cargo administrativo, sí reconoce un servicio de dedicación plena, disponibilidad constante y cercanía espiritual al Sumo Pontífice.
En la práctica, esta distinción confirma el papel clave que Rimaycuna desempeña en la vida cotidiana de León XIV, la organización de su agenda, la gestión de comunicaciones privadas, el acompañamiento en viajes internacionales y la articulación con diversos organismos de la Iglesia.
Significado para el pontificado de León XIV
Este nombramiento también evidencia la línea pastoral que el Papa León XIV busca consolidar una Iglesia que valore la formación profunda, la fidelidad a la tradición y el servicio silencioso. Rimaycuna, producto de la escuela espiritual del propio Pontífice, representa ese estilo discreto, humilde y profundamente eclesial que el Papa pretende impulsar en sus colaboradores más cercanos.
Sectores especializados del Vaticano interpretan este gesto como un signo de continuidad. León XIV desea mantener a su alrededor a quienes han acompañado su misión desde los primeros años, especialmente aquellos que han demostrado prudencia, disciplina y una clara identidad sacerdotal.
Un peruano en el corazón del Vaticano
Con este nombramiento, el padre Edgard Iván Rimaycuna Inga se convierte en uno de los sacerdotes latinoamericanos más cercanos al Santo Padre en este momento, su presencia en la Santa Sede no solo simboliza el reconocimiento a su labor, sino también la voz de miles de fieles que, desde el norte peruano, celebran que uno de los suyos participe directamente en el gobierno espiritual de la Iglesia.
La historia que empezó en las aulas del seminario de Chiclayo continúa ahora en los pasillos del Vaticano, recordando que la fe, cuando se vive con entrega, puede abrir puertas que llevan lejos.
