De Obispo a Papa: El legado de fe y cercanía de León XIV

Un día como hoy, 30 de septiembre del 2023, el Papa Francisco celebró en Roma un Consistorio Público Ordinario y creó a 21 nuevos cardenales de distintos países. Fue una ceremonia que buscó resaltar la universalidad de la Iglesia y su apertura a realidades diversas, recordando que la fe no es un recuerdo del pasado, sino un camino que se construye día a día.

Entre esos 21, destacó el nombre de Robert Francis Prevost. Apenas meses antes había sido nombrado Prefecto del Dicasterio para los Obispos, un puesto de gran responsabilidad que asesora al Papa en el nombramiento de nuevos obispos en todo el mundo. Para los chiclayanos, este hecho tiene un significado muy especial, ya que Prevost fue obispo de la Diócesis de Chiclayo desde 2015, marcando su paso con gestos de servicio, humildad y una cercanía constante con los fieles chiclayanos.

Ese día, además, comenzó el Sínodo sobre la Sinodalidad, convocado para reflexionar sobre una Iglesia que escucha, que se mueve y que camina con todos. En su discurso, el Papa Francisco tomó el pasaje de Pentecostés para recordarnos que desde los orígenes la Iglesia está llamada a ser plural y diversa. En uno de sus pasajes más bellos, refirió que la Iglesia es como una orquesta, donde cada músico con su instrumento, cada comunidad con su personalidad, pero todos llamados a tocar en armonía para que la melodía de la misión resuene con fuerza.

Mirando atrás, aquel Consistorio de 2023 cobra un valor doble, ya que no solo fue un momento de expansión del Colegio de Cardenales, sino también un paso clave en el camino que llevó al que fuera obispo de Chiclayo a convertirse en el Papa León XIV en mayo del 2025. Prevost, estadounidense con ciudadanía peruana y un vínculo afectivo profundo con nuestra tierra, hizo explícito ese lazo en su primer saludo desde el balcón de San Pedro, diciendo en español: “Y si me permiten también un saludo, en modo particular, a mi querida diócesis de Chiclayo en el Perú”, ante miles de personas reunidas.

Su sencillez, cercanía, compromiso social y su don de unir corazones hacen que su elección sea una verdadera bendición para el Perú, para Chiclayo y para cada comunidad que lo vio caminar entre calles e iglesias, llenando de esperanza y alegría a quienes lo rodeaban, recordándonos que la fe se vive cada día con servicio, humildad y un corazón abierto que abraza a todos.

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